martes, 26 de mayo de 2009

Gray

"Mike y yo hicimos este juego como un experimento, para ver si podíamos expresar esta pequeña idea únicamente a traves de la jugabilidad. Les pedimos que sean pacientes mientras lo juegan e intenten lo mejor posible terminarlo. [...]

Gracias por jugar y mantener una mente abierta!"


- comentario del autor

miércoles, 6 de mayo de 2009

Mail

Ella se levantó emocionada. Hoy era el día en el que recibía su tan esperado e-mail. La ventana, con sus persianas siempre descorridas, permitía la entrada de la bella luz del amanecer, la cual inundaba el cuarto con una calidez ambarina. Encendió su computadora, al tiempo que ponía a calentar agua para el té. Los usuales pitidos y chirridos del ordenador daban inicio a un nuevo día. Al tiempo que calentaba sus manos con el vapor de la taza, ingresaba a la página de su correo, para luego tipear nombre y contraseña. 1 mail nuevo. Con un clic abrió el mensaje. Bellas palabras, interesantes opiniones, su hermosa carta usual. Ella lo conocía desde hace años, tiempo atrás durante su época de estudiante de secundaria. Como buena parte de su generación, tuvo muchos amigos 'On-Line', de lejanos países. Gran parte de esas relaciones desaparecieron con el tiempo, algunas por simple desgaste, otras por un cambio de mail. Sin embargo, él se mantuvo allí, siempre dispuesto a escucharla y brindarle ayuda. Tanto cariño... Eso la intrigaba, y la mantenía interesada en él. Ella aún recuerda sus escapadas al cyber de madrugada para leer sus mails, su siempre creciente deuda con el chino e incluso la reciente compra de la flamante computadora en la que hoy revisa sus mails. Desde que comenzó a vivir sola, la melancolía de la soledad solía atraparla en descendentes espirales de depresión. Algunas veces, solo sus mails lograban sacarla de allí. Incluso algunos, impresos en papel, decoraban las vacías paredes de aquel monoambiente del duodécimo piso en el que pasaba sus días. Ella le debía tantos momentos felices.

Aquella tarde, observando las nubes correr detrás del rojizo sol, lo decidió. Quería conocerlo en persona. Ella sabía, por ciertas cosas que él dejaba notar en los mails, que él vivía en el mismo país. A esa altura de la relación, a ella no le importaba tener que viajar kilómetros y kilómetros para verlo. Ni tampoco él mantenerlo por unos días en su casa, si él decidía viajar a verla. Tendrían tantas cosas de las cuales hablar que seguramente no dormirían durante toda su estadía. Riéndose entre dientes de esa idea, escribe un mail con la proposición. Quería conocerlo en persona. El pequeño cartel, que indicaba que el mail había sido enviado con éxito, dio comienzo al resto de la rutinaria semana.
La respuesta no llegó al viernes siguiente, ni tampoco al otro. Un mes había transcurrido desde que ella envió su pregunta. La tristeza en la que se sumergió durante ese tiempo era gigantesca. El tiempo avanzaba solo en lentas brazadas, como en un mar de petróleo, un mar negro, espeso e inflamable. Ciertas noches, más oscuras que otras, un cuchillo recorría sus paredes, dejando marcas invisibles al exterior, devanando palabras de tinta, destrozando algunos recuerdos, que incluso inmateriales acosaban como fantasmas. Otras noches, aún más oscuras, se apoyaba en su ventana a mirar el gris horizonte citadino, escrutando el ridículamente esperanzador vacío que se abría frente a ella. Aquel vacío... verdaderamente era una larga caída, suficientemente larga para que el viento desgarre todo pensamiento. Luego de varias semanas, cerró por primera vez las persianas de su monoambiente, buscando ignorar aquella inmensa nada que la llamaba.

Una noche, oscura como tantas otras, sus ojeras húmedas miraban el monitor, mientras sus dedos desesperanzados tecleaban usuario y contraseña. 1 mail nuevo. Tragó saliva. Con la tensión recorriendo su cuerpo, hizo clic sobre el mail y lo abrió. Era de él. Cuatro palabras oscurecían la blanca pantalla: "No cierres las persianas". Se detuvo unos minutos, leyendo y releyendo esas palabras. Se levantó de su silla y fue hasta la ventana. Con sus temblorosas manos descorrió las persianas. Afuera, la luna nueva cubría de sombras la ciudad. Ni el gris horizonte respondía su mirada. El vacío se veía tan encantador esa noche.

viernes, 10 de abril de 2009

Elements

Aire, fría separación, último abismo entre dos seres
Fuego, calor que envuelve, crea y destruye
Agua, eternidad que cubre, cura y desprecia
Tierra, palabra que dura, firme bajo mi cabeza


Aire, como cuchilla sesgando la comunión de las almas
separa mi cuerpo del tuyo, sangres iguales y aisladas
solo el aire me permite verte
mis ojos solo observan en un sentido.

Fuego, la fuerza vital que convierte
tierra en cenizas, aire en humo, agua en vapor
toma lo inerte y con ello crea luz
aunque destruyendo en el proceso.

Agua, la materia que todo lo envuelve
defensora de la tranquilidad, partidaria del movimiento
nada más ordenado que una laguna en un día calmo
nada más caotico que una tempestad en altamar.

Tierra, esencia de la estabilidad, la estructura
el preciado lugar donde podemos construir
único refugio sobre el que podemos pararnos
para mirar las estrellas.

lunes, 23 de marzo de 2009

Storytime

¿Recuerdas aquel atardecer, teñido de un naranja intenso, en el cual iniciaste mi desdicha? espero que si. Yo, por mi parte, podría recitar cada palabra de nuestro inocente dialogo como si hubiera sucedido hace solo minutos.
- ¿Qué estas haciendo? - Te abalanzas sobre mi espalda, perturbando mi concentración.
- Escribiendo un cuento, así que te pido si por favor...
- ¡Que bien! He querido preguntarte algo desde hace tiempo, sabes... ¿Por qué nunca has escrito sobre mí?
- No es cierto... siempre me inspiras.
- ¡Pero nunca has escrito un cuento sobre mi!
Tu dulce expresión, exquisita mezcla entre inocencia y real tristeza, pudo más que mi dura cabeza.
- Ok, tienes razón, nunca escribí nada acerca tuyo... - Dudé, medité unos segundos lo que iba a decir a continuación - ...más que nada, porque tengo miedo de...
- Quiero ser la protagonista de un cuento tuyo.
- ¿Por qué?
- Quiero ver que es lo que verdaderamente piensas de mí, que bondades y defectos observas en mi persona. Y además siempre quise ser una heroína.
- Tengo miedo de no poder hacerte feliz en él...
- Si puedes hacerme feliz en la realidad, no veo por qué no vas a hacerlo en la ficción. Vamos, escribe una linda aventura para mí.
Mi manera de escribir siempre ha tenido una pequeña cualidad. Mis personajes estaban vivos. Es decir, yo solo proponía un guión, ciertos eventos reguladores, pero cuando comenzaba a escribir eran ellos quienes interactuaban por su cuenta. Pequeños seres viviendo, conviviendo dentro de mi proceso creativo. Esto particular manera de escribir me llevó a descartar a personajes reales para historias ficticias. Nunca pude representarlos sino como torcidas e irreconocibles sombras de los verdaderos. Con ella fue mi primera vez. Realmente era algo que me desagradaba, pero ella siempre supo conseguir lo que quería. Yo no fui la excepción.
Comencé con un simple cuento extensamente descriptivo. Borbotones de adjetivos, cuantiosos adverbios, pero sutiles y etéreos verbos, buscando modificar lo menos posible su situación. Más que un relato, aquello era una crónica, una larga enumeración de las virtudes que ella poseía. Leyendo brevemente el manuscrito, ella lo desdeñó, arrojando en un cesto el papel arrugado. Un cuento, me pidió nuevamente. Garabateé, entonces, un breve relato, un compendio de la felicidad. Catorce hojas dedicadas a contar la alegre historia de una joven damisela, quien conoce a un apuesto muchacho, heredero de un anciano conde. Juntos recorren las maravillas de la campiña francesa en la década de 1910, donde tras un prolongado cortejo deciden expresar su eterno amor con un gran festejo de luz y jolgorio. 'Catorce hojas desperdiciadas', en estrictas palabras de ella. Ella deseaba un cuento emocionante, una historia que tuviera aventura, romance, engaños, peligros. Un relato que se expresara complejamente, capas sobre capas, en fin, un cuento como la vida real, no una aburrida y tediosa farsa nupcial, de la cual ya estaba decididamente harta. Concentre mis fuerzas, mirando hacia la abismal hoja en blanco. Suspire, mientras trataba, quizás inútilmente, de consolarme pensando que hasta la más larga novela empieza con una palabra...
Entonces empecé con aquel gigantesco cuento, aquel que contaba las peripecias de la princesa del antiguo reino, en cuya infancia fue raptada por los nómadas y llevada al desierto profundo. Criada en adversas condiciones, durante aquella terrible niñez se vio obligada a luchar contra los beduinos, los cruzados y los mongoles. Estos últimos, en una absurda venganza, aniquilaron durante la noche a todo su pueblo. Ella logró sobrevivir, escondiéndose bajo los cadáveres de sus padres adoptivos. En la desesperada huida se unió con unos piratas del mediterráneo, con los cuales aprendió los secretos de los mares. Durante su juventud, fue conocida como la Bruja de las Tormentas, en honor a su cabello casi cano y desordenado. Al mando de cincuenta hombres y una voluntad indómita aterrorizó los puertos de todo el viejo mundo, desde Portugal al Líbano. Durante un saqueo, un antiguo paje de su verdadero padre la reconoció y antes de morir bajo sus impiadosas manos, él le dijo que sus padres aun la estaban buscando. Confundida, trastornada por recuerdos de una infancia que no tuvo, decide volver a tierra a buscar a su verdadera familia. Dejando su flota a manos de su leal contralmirante. Surcando las tierras del norte, buscó de oeste a este su antiguo hogar, utilizando métodos poco ortodoxos para mantenerse con vida. Estos métodos le valieron un precio muy alto por su cabeza. Cazadores de recompensas de toda Europa siguieron sus pasos. Solo cuando tuvo una leve pista acerca del paradero de su parentela fue capturada. Enamoró al verdugo y huyeron juntos como amantes fugitivos. Su casi verdugo le confesó que era el heredero de un reino caído en desgracia, reducido a cenizas por el disciplinado ejercito germánico, la reina tomada prisionera y el rey muerto en la guillotina. Para sorpresa de ambos, comparando historias se enteran que sus padres eran los mismos, haciendo de ellos dos hermanos...
Por supuesto que esto es tan solo un resumen. Sería imposible reunir aquí aquel cuento en su totalidad. No se si fue por el énfasis del pedido de mi amada, o la real vida que tomo su personaje en mi cabeza, pero el sufrimiento en su vida fue aumentando, sazonada cada tanto de una esporádica y amarga felicidad. Acaso siempre quiso una real felicidad junto a su incestuoso hermano, no aquel artificio de ficción que le ofrecí en principio. Nunca pude saber si esa historia consiguió satisfacer su deseo. No tan accidentalmente, mi filosa pluma llegó a matarla, aunque allí no terminó el cuento.
Siete años han pasado desde entonces, en esta fría y oscura prisión. Ahora, después de tanto tiempo, finalmente puedo dedicarte un cuento como vos lo deseabas. Un cuento crudo y verdadero, real como solo la ficción puede serlo.

Te lo dedico a vos, querida mía, con todo el amor del mundo.