martes, 22 de septiembre de 2009

Don't Touch Me

El beso del captor

Mi aturdido mensaje
vuela sobre tus pestañas
surca los pliegues de tus ojos
se demora en la curva de tus mejillas
determina su paso en las comisuras
de tus labios rojo sangre
se detiene en su delicioso borde
revisa en su mapa hacia donde avanzar
resiste en el precipicio, para luego
arrojarse al vacío de tu boca
abierta fosa de los deseos del presente
guarida de la bestia de tu salvaje,
furiosa sensualidad, cuyas extremidades
capturan dejando una marca
una cicatriz eterna en el pecho
de quién ose acercarse a husmear.
Mi mensaje atraviesa las puertas de tus labios
entrecruza tus dientes, relame tu lengua
y entra sin permiso al trono de tu alma.
Tu mirada acusadora, tu ojo
que todo lo ve permanece abierto
inerte a los ansiosos pedidos
de mi mentira más ridícula.
Quién puede querer a su captor
quién pretende asolar su única existencia
con el atroz sentimiento de perdonar
al justo culpable, de matar a su
inocente voz, y ofrecer su cadáver exquisito
al niño dios de la avaricia,
inconsciente de sus malignos deseos
cuna del ego, fuente de la grandeza
que permite que un espíritu
se dañe, tan solo para poder lastimar.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Little Silence

Seatbelts - ROUYA

Dentro de la conciencia, reside un pequeña gota de silencio. Su forma dentro de nuestro ser es la que nos define. Sin todo ese ruido de fondo, nuestro sonido (único) no puede escucharse.

Solo en tu mundo los Lores pretenden aturdirte. Llenar cada recoveco de ritmo, sonido, palabras, sentidos. La música, otora suavidad rítmica y matemática, se quiebra de formas inesperadas, se acelera cada vez más, pretendiendo acabar con el silencio, destrozando esa sutil nada, ese horroroso y frágil vacío que nos devora.

Lo que nos da más miedo. La misma escencia de nuestro ser.

sábado, 29 de agosto de 2009

Destroy

Pasos para destruirme

1.
Yo siempre la miraba. Su cabello mal teñido, una pequeña voz, sus tontos rasgos árabes, sus pequeñas manos con cuidadas uñas, su costumbre de no mirar directamente con quien está hablando. Detalles absurdos que me daban deseos de acercarme a ella. Trabajábamos en la misma compañía, pero en lugares separados. Las veces que la cruzaba teníamos breves pero motivantes charlas, que alimentaban el fuego de mi cariño por ella. Sus tímidos ojos oscuros mirándome furtivamente distraían completamente mi atención. Mi jefe, quien se llevaba bastante bien conmigo, tenía puestos sus ojos en ese par de tetas desde que ella llegó a la empresa. Pronto me enteré por parte de él que se habían puesto de novios.
Mi jefe vivía en Caballito, por lo que ambos tomábamos la línea E del subte para ir a nuestras respectivas casas. Ese día ella lo acompañaba. Entre trajinar del tren, ella posaba levemente sus ojos en mí. Yo miraba la ventana, distraído. No había nada que mirar allí. San José, Independencia, Entre Ríos. Mientras las estaciones se sucedían, la temperatura dentro del tren aumentaba. Mi jefe me alcanzó su celular. Miro la pantalla brevemente. El modo de filmación estaba activado. "Filmanos besándonos", me dice. Veo los ojos de ella mirándome fijo, pidiéndome algo. "Tomanos de cerca, que se vea bien", apura mi jefe. En el ruidoso silencio del subte, inmortalizo la imagen de sus labios entrelazándose, saboreándose. Infinitos ojos registran las escenas. En ningún video ella mira a la cámara.

2.
Yo siempre lo miraba. Su tez morena, sus ojos color miel, él cómico acento cordobés que no sabía ocultar, tontos detalles que me agradaban. Me hacía sentir segura con sus palabras. Pero se que nunca me quiso. Semanas, meses de charlas de café, penosos intentos de propuestas de parte mía para que nos conozcamos mejor, pero él siempre las rechazó. Realmente no debo ser una chica atractiva para él. Nunca expresó ningún cariño hacia mí. En cambio, Martín me quería. Tomaba mis manos con ternura, y mientras las besaba me recitaba mentiras al oído. Sabía muy bien que no soy la primera mujer con la que estuvo. Junto a Martín creía que sí podía ser fuerte.
En una ocasión, yendo hacia su casa, apareció él. Se apuró para subirse al mismo tren que nosotros. Se sentó enfrente de nosotros y trató de hablarnos con confianza, pero nunca se dirigía hacia mí. Martín me susurro alguna chanchada en el oído y le pasó su celular a él. "Filmanos besándonos", le dijo. Yo había hablado con Martín mil veces sobre el tema, y siempre le expresé que odiaba que nos vieran haciendo nuestras cosas privadas. Pero no pude negarme. No me atrevía a pelearme enfrente de él. No quería enojarme enfrente de él. Lo miré, suplicándole piedad, ayuda. Pero fue en vano. Él siempre fue un alegre cómplice de mis vejaciones.

3.
No pude dejar de mirarla desde que llegó a la empresa. Pelirroja, piernas torneadas, carita bonita y bien curvilínea. Todo lo que podía pedir en una mujer. Avancé pronto, para que nadie me la cagara. Con unos cuentos interesantes ya me la había ganado. Besaba como los dioses, pero en el sexo era muy torpe. Un buen cuerpo no es sinónimo de buen estado físico, por lo visto. Pero aún así la quería. Se ponía quisquillosa a veces, cuando le hacía las propuestas más osadas, pero nada que unos cuantos regalos no puedan arreglar.
Una vez, mientras íbamos a mi departamento, se apareció uno de los empleados a mi cargo en el subte. La puerta del tren casi lo parte en dos al flacucho. Se sentó y comenzó su habitual charla preprogramada, que el clima esto, que el laburo aquello. Pero pronto me di cuenta quien era realmente. Era ese boludo que le tiraba los galgos a mi novia. Lo había visto un par de veces intentando charlar con ella, siguiéndola con la mirada, preguntando por ella cuando faltaba a la oficina. No podía perder la oportunidad de demostrarle quién es el que manda. Tendrían que ver la cara que puso cuando le di el celular. "Filmanos besándonos", le dije. Como él se quedo paralizado, agarré a mi chica y comenzamos a besarnos apasionadamente. Al principio él estaba medio reacio, pero después el muy boludo se emocionó y nos filmaba con ganas y las manos temblando. Podría apostar que a él también le gusto todo.
Lo lamento, pero si con destruir tu confianza evito que te acerques a mi chica, te destruiría mil veces.

viernes, 21 de agosto de 2009

Forest

"Hoy me aventuré en el bosque. Sola, ya que nadie me acompañaba. Montones de hojas ocultaban de a intervalos al suave sol que iluminaba el día. Caminando por el claroscuro, me alejé bastante de la estación del autobús. Cada tanto pensaba que no quería volver. Que sería hermoso vivir en este solitario bosque, donde no hay nadie en kilómetros, donde nadie puede decirme nada. Donde puedo llorar y llorar sin que nadie me moleste.
Llegué a una ruta, que atravesaba el bosque. Unas nubes grises ocultaron el sol mientras me acercaba para mirar. Había un cadáver tirado en la ruta. Su hedor me recordaba a la carne cuando se hecha a perder. Marcas de llantas cubrían su pecho y tenía la cabeza aplastada. Seguro un auto lo había pisado. Algunas moscas revoloteaban sobre el cadáver. Me acerqué a mirar. Sus horribles ojos muertos estaban fijos en mí. Un cuchillo tirado cerca de su mano. Varios agujeros en su vientre. Miré el gris color de la piel de su cara. Los gusanos que oscilaban en los orificios de su nariz. Las cáscaras de sangre seca que adornaban sus pupilas. Con un bocinazo, un auto pasa a toda velocidad por el otro carril. Del susto, caí de espaldas al suelo. El cadáver seguía mirándome. El fuerte viento que se levantaba traía a mis oídos las palabras del muerto. Por qué estás viva y yo no. Si no la aprovechás para tu felicidad, por qué no me la regalás. Yo no tengo la suerte de haber muerto, vos tenes la suerte de estar viva. Le grité al cadáver que odiaba estar viva. Que él podía descansar mientras yo sufría. El muerto parpadeó, una, dos veces, y luego me pidió que lo acompañara. Vos sabés que hacer, dijo con su voz prestada. Tomé el cuchillo, y volví con prisa a mi casa. El olor a carne podrida todavía me atormentaba."